La formalidad como pilar del emprendimiento
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Aprovechando la coyuntura social que nos está tocando enfrentar, quisiera aprovechar este espacio para darles unas cuantas reflexiones sobre, tal vez, el principal enemigo silencioso de los emprendedores… la informalidad. No busco generar conciencia, creo que ya la tenemos, pero sí creo que debemos tratar de entender muy bien cuánto impacta esta variable en nuestra vida empresarial.

Como decíamos en artículos anteriores, la emoción al querer empezar un emprendimiento es altísima, todos nos vemos millonarios al final del camino, pero es justo en esta etapa donde debemos empezar a dibujar la película completa. Empecemos por el principio, ¡el formalizarnos no es un gasto, es una inversión! El constituir nuestra empresa, registrar nuestra marca, tener claro cómo son los procesos de tributación, son pasos que sí o sí debemos dar al iniciar nuestro negocio. ¡He conocido empresas muy grandes que aún no tienen su marca registrada! Y es que el tiempo avanza y uno va dejando atrás acciones tan importantes como esta. Si aún no entendemos lo grave que es, se los explico en simple, LA MARCA ES DE QUIEN LA REGISTRA, lo que implica que el dueño puede cobrarte por su uso; inclusive puede solicitar que YA NO LA UTILICES, ¿te imaginas que tu marca ya sea conocida?…

Por otro lado, al definir la visión de tu emprendimiento (cómo te ves y en cuánto tiempo), debes establecer etapas; siendo prioridad el migrar de un emprendimiento artesanal (gano lo que vendo, no tengo personal, etc) a uno con alcance de empresa… Para esto, debemos crear nuestra empresa,y, al hacer los cálculos de los resultados que esperamos, debemos incluir siempre los impuestos. Conversando con muchos amigos, me comentan de lo tedioso y complicado que se hace al día de hoy en nuestro país el constituir una empresa (y todo lo que involucra), es verdad, es un proceso. Algo complejo sobre todo si por primera vez lo harás, pero cada vez hay mejores mecanismos para poder llevar esto a cabo; a pesar de todas las dificultades, es muchísimo mejor que ser informal. Bajo mi punto de vista, el gran problema de no creernos como emprendedores una cultura de formalidad empresarial, está en que nos exponemos a una de las peores experiencias que nos podría tocar vivir en este sentido… el perder una carrera a milímetros de ganarla; ¡como en esos videos donde los atletas celebran antes de tiempo y por alguna razón no controlada pierden!… Es exactamente así.

¿Se imaginan que su emprendimiento consista en la creación de un producto comestible?… Empiezas a tener mucha aceptación del público (siempre primero amigos y familia), en poco tiempo ya estás en ferias, hasta en eventos internos de empresas, etc. ¡Hasta que, de la nada, te llega un pedido de una cadena de supermercados súper grande! Tú sientes que “ya la hiciste” hasta que lees la parte donde dice “enviar en un lapso no mayor a 72 horas los registros sanitarios, sus procesos de almacenamiento y producción que garanticen la salubridad de sus productos y la razón social de la empresa para registrarlos como proveedores autorizados” . En ese momento te empiezas a arrepentir de seguir produciendo en el garaje de tus padres para “ahorrar costos” y de seguir pidiendo apoyo a tus amigos para empaquetar los productos, ya que quieres “ahorrar mano de obra”. Ese contrato pudo ser la diferencia entre un emprendimiento de cómo ser una empresa exitosa y un “emprendimiento más” de los tantos que fracasan “y no entienden por qué”.

He tenido la suerte de participar en diferentes emprendimientos activa e inactivamente y mi mejor recomendación siempre será buscar desde un inicio la formalidad; no la veamos como algo improductivo, veámosla como la inversión que nos dará estabilidad en nuestro proceso de crecimiento. Aprovechemos estos días y veamos cómo nos está impactando o nos podría pronto impactar el no ser formales, ¿queremos seguir vendiéndole sólo a nuestros amigos o ya estamos listos para llevar nuestra marca al mundo?
Una tranquila, pero productiva semana para todos.