La gripe española
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En estos días de espera y ansiedad no queda más que saludar la eficiencia del Gobierno para tomar las decisiones correctas en el momento oportuno. Quejas debe haber miles, pero no tomar nota de una reacción notable es mezquino. Vizcarra, con quien se puede discrepar en todo lo demás, ha anotado a favor de los peruanos. De medicina poco entiendo y es realmente asombroso -chocante- seguir en tiempo real una pandemia y sus explicaciones desde el mundo entero. Y muchas de las reflexiones que hoy se plantean no solo desde la ciencia, sino desde los estudios sociales es la comparación con la última gran pandemia.

Durante la segunda mitad de la Primera Guerra Mundial, una cepa de influenza mutó con tremenda volatilidad dentro de varios de los campos en los que las tropas de los Estados Unidos se preparaban -aún en su territorio- para navegar hacia Europa y sumarse a la guerra de trincheras contra el Reich alemán. Esa gripe, una variación de coronavirus bastante más agresiva, le costó a la humanidad cifras que pueden llegar a los 40 millones de personas dependiendo los conteos. La guerra y la ausencia de diagnóstico complican la suma, sin embargo, queda claro que fue la última vez que tanta gente murió así.

Quedó el nombre de “gripe española” porque España -país neutral en la Gran Guerra- fue el único que le dio gran cobertura mediática al asunto: los países beligerantes tenían controles gubernamentales sobre qué publicaba la prensa. Así buena parte del mundo conoció a través de la prensa española cómo esta mutación de gripe le había quitado la vida a tantos hombres y mujeres, que -a diferencia de lo que hoy sucede- eran atacados sobre todo en la juventud y adultez. De “gripe española” murieron Weber y Wagner mientras millones de niños quedaron huérfanos en una Europa ya destruida por la guerra.

El virus de hace un siglo reclamó muchas más vidas humanas porque, como dije ya, era una mutación mucho más virulenta de acuerdo con las varias explicaciones que se han publicado en la prensa mundial (la BBC tiene mucho material digital al respecto) y el mundo estaba mucho menos conectado: el barco seguía siendo el principal transporte intercontinental de pasajeros y las economías del mundo no estaban, pero de ningún modo, entrelazadas como lo están hoy día. Quizás lo que hoy perjudique a las economías del mundo antes permitió salvar algunas vidas. La situación, sin embargo, se vivió similarmente.

A la humanidad le demoró más de una década recuperarse inmunológicamente y poder crear “inmunes colectivos”. Quizás la ciencia y la velocidad de la información de nuestros días nos ayuden -Dios quiera- a acortar estas distancias de tiempo, pero al final del día serán los cuerpos de los propios humanos los que tengan que reaccionar descifrando cómo vencer al virus. Esto con la inmensa ventaja de que hoy nos podemos vacunar y esto no se pudo hacer de manera masiva en el mundo sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial. En fin: toca abrocharse los cinturones y ser testigos de la Historia que se escribe.

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