Ollas comunes en pandemia: una práctica que resurge tras el hambre
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Texto y fotos: Félix Ingaruca (*)

Juana Chumpitaz es madre de Elvis, Sofía y Valentina, sus edades son 13, 12 y 8 años, respectivamente. Ellos viven en la asociación de vivienda “Los Ángeles”, un cerrito anexo de Huayaringa, en el distrito de Santa Eulalia, provincia de Huarochirí.

Juana se levanta a las cuatro de la mañana para ir a recolectar la leña que la olla común necesita. Camina una hora para llegar al vivero de Chosica, en la urbanización residencial de Santa María, porque allí encuentra abundante leña.
Juana cuenta, en medio del humo, que antes de la pandemia trabajaba como auxiliar en un colegio particular de Chosica, pero perdió su trabajo y ahora vive de la solidaridad de los vecinos y de las donaciones que buscan para la olla común.

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A las diez de la mañana se reúnen todas las señoras llevando utensilios ollas, condimentos y todo lo que han podido recaudar para la preparación del almuerzo del día.

Para evitar el covid-19, tienen un balde de agua para el lavado de manos en el local comunal de la asociación, instalado en un cuarto de madera prefabricado, y junto al cerro encienden la fogata para cocinar, manteniendo sus mascarillas puestas y acatando todas las medidas de bioseguridad.

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Ellas comentan que necesitan un tanquecito de agua para el local comunal y si alguien de buen corazón podría donarlo para tener más agua en la cocina comunitaria mejorarían sus condiciones.

Karina Loarte explica que ella tuvo la iniciativa de unir a todas luego que la cuarentena y, viendo la necesidad de atender a los abuelitos y niños de su asociación de vivienda, comenzó a pedir ayuda por redes sociales hasta que un vecino de buen corazón de Chaclacayo respondió a su llamado. Apareció un día sábado el señor Copeni con una dotación de alimentos, así un 13 de mayo comenzó a funcionar la olla común “Los Ángeles”.

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En el Día de la Mujer, le tocó cocinar a las señoras Juana, Alda, Karina y Aurora, quienes prepararon el almuerzo y la cena juntos porque debido a las intensas lluvias que comienzan en horas de la tarde, antes que se oculte el sol se refugian en sus casas.

Aurora Camayo, la de mayor, se encarga de proporcionar los condimentos para el rico locro de zapallo con queso de Huarochirí.

Aurora cuenta que, antes de la pandemia, era comerciante que vivía del día a día, pero cuando se inició la cuarentena ella se encerró en su casa desde el primer momento por ser una persona de la tercera edad y asmática. Ella vive sola, pero ha logrado sobrevivir gracias al apoyo de la olla común y la solidaridad de sus vecinos.

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Mientras Juana mueve el cucharón en la olla, Alda Gamarra coloca más leña para avivar el fuego, y cuenta que vive con su esposo y dos niños (Max y Alison).

Además, que antes de la pandemia trabajaba junto a su esposo, quien es chofer de una coaster de trasporte público de Lima- Chosica, más conocido como los ‘chosicanos’.Ella se encargaba de cobrar los pasajes y les iba muy bien no tenían la necesidad de una olla comunitaria.

Cuando llegó la pandemia, su esposo dejó de trabajar tres meses, los ahorros se fueron terminando y el bono familiar no fue suficiente para subsistir. Por ello, se unieron a la olla común “Los Ángeles”, convirtiéndose literalmente en sus ángeles de la salvación para la alimentación familiar.

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La asociación de vivienda “Los Ángeles” de Huayaringa está ubicado en el kilómetro 38 de la Carretera Central, antes de cruzar el puente de Ricardo Palma en el distrito del mismo nombre.

Ahí está la entrada a Huayaringa, a un kilómetro desde la entrada hay un cerro con casas de madera y algunas de ladrillo para llegar y, para llegar a la asociación hay que caminar unos diez minutos trepando el cerro sin escaleras de cemento.

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Hace unos días, por las fuertes lluvias, se desbordó un canal de regadío ocasionando un pequeño huayco que llegó hasta el km 38 de la carretera central.

La olla común “Los Ángeles” atiende aproximadamente a 50 personas que habitan en el cerro asociación de vivienda Los Angeles de Huayaringa, personas vulnerables que necesitan del apoyo solidario. El 13 de mayo cumplen un año con su olla comunitaria.

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Según datos proporcionados por autoridades del distrito de Santa Eulalia, hay 14 ollas comunitarias en el anexo de Huayaringa pertenecientes a su distrito y siguen en aumento.

Nos despedimos de estas mujeres aguerridas que nos pidieron hacerlas visibles, suplicaron por más ayuda en alimentos y agradecieron a Dios por estar con vida.

(*) Periodista independiente. 

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