Alejandro Neyra: «No hemos honrado lo suficiente los ideales de nuestros próceres»
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Por Sol Pozzi-Escot

¿No le parece un poco pesimista postular que la historia del Perú podría ser la historia de la traición?

Bueno, ya hemos tenido una historia de la corrupción que es una gran investigación de Alfonso Quiroz. Lo mío tiene un poco de sarcasmo, por supuesto, pero como dijo el maestro Fernando Iwasaki, tenemos esa sensación de que nos traicionan a cada momento -los presidentes, los políticos, los empresarios, los futbolistas y demás- a flor de piel.

En un país que se encuentra aún conociendo y afirmando su identidad, ¿se puede hablar de traidores? Es decir, si el pueblo peruano posee, digamos, una identidad resquebrajada, no consolidada, podríamos pensar que no habría valores que traicionar en un principio…

Creo que son dos cosas distintas. Uno, yo sí creo que pese a que estamos en este proceso de afirmación, al mismo tiempo nos convoca y nos une, por ejemplo, el orgullo por nuestra cultura, nuestro terruño, nuestra comida, nuestra camiseta nacional… Quien no siente ese llamado en primer lugar, creo que tiene todo listo para convertirse en un traidor.

El subtítulo del libro es “16 ilustres antihéroes de estampa nacional”. ¿Cree usted que el Perú, como sociedad, es adicto a la figura del antihéroe? ¿Cree que necesitamos siempre de la presencia de ese “malo”?

El término antihéroe no evoca maldad necesariamente. El antihéroe es más bien el que no ha sido recordado por la historia, o mejor incluso, el que es evocado solo por el lado B de la historia. Y no todos los que incluyo en el libro son traidores, por supuesto, son personajes a quienes se acusó de traidores y a veces han sido injustamente tratados por la historia.

Dentro de los antihéroes que menciona en el libro se encuentra el arquero Eusebio Acasuzo. ¿Cree usted que además de la política, el campo de la traición por excelencia es el deporte?

A Acasuzo se le imputó “venderse” en un partido del repechaje contra Chile en las eliminatorias para México 86. Ese para mí es el caso de un antihéroe, alguien que mereció un trato injusto por una mala tarde que le costó el puesto en la selección para siempre. La traición a la camiseta sí es una forma, quizás venal, de traición.

¿Cree usted que la traición ha terminado por generalizarse y normalizarse a lo largo y ancho de la sociedad peruana?

Creo que a veces somos ligeros para hablar de traición. Y en política creo que ya el hecho de que determinados personajes pasen de un partido a otro sin respeto por ideales o por convicciones, sí, de alguna manera hace pensar en que las lealtades no son lo que solían ser (risas).

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