DIANA López Zuleta

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Por Sergio Alva Quispe

Cuando conocí a Diana López Zuleta no pensé que se convertiría para mí en, no solo un referente de la literatura latinoamericana, sino también un ejemplo de fortaleza y profesionalismo ante los duros episodios que tuvo que afrontar a lo largo de su vida que hasta en día de hoy dejan secuelas.

El leer solo el primer capítulo de su primera obra literaria Lo que no borró el desierto te deja no solo pegado al libro, sino con una insaciable sed de justicia que en diversos aspectos nos hace entender que no solo el Perú está inmerso en esa desfachatez judicial que a muchos no ha indignado por años.

Diana comentó a EXPRESO que luego de la publicación de su libro, 24 años después de la muerte de su padre, recibió una serie de amenazas de muerte que incluso han rebasado las fronteras de su lugar natal, hasta la ciudad donde actualmente vive.

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“Fue justamente después de que se publicó el libro, que me contactó por Facebook un sicario que me reconoció que no quería meterse más en problemas porque ya había estado en la cárcel y me dio la información de quienes estaban planeado asesinarme, que lo habían contratado para ‘hacerme la vuelta’ como dicen en la jerga de los sicarios para matar a alguien e incluso declaró ante la Fiscalía y ellos no hicieron nada porque en Colombia las amenazas casi nunca las investigan”, contó la escritora.

Sobre ello, también comentó que no lloró a su padre luego de que este falleciera porque entró en proceso de shock, esto, dado que después del velorio de su progenitor, también había fallecido su abuela, quien había sido una de las personas más importantes en su vida porque creció a lado de ella.

“Yo estaba en un doble velorio (…) empecé a hacer el duelo de mi abuela, es decir, yo no lloraba a mi papá, yo estaba en shock, cuando supe que a mi papá lo habían matado yo no lloré, en el entierro yo no lloré, yo parecía una estatua”, recordó Diana.

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Del mismo modo, manifestó que recién ella empieza a hacer el duelo de la muerte de su padre durante el proceso del juicio, es decir 17 años después, donde se estaba combatiendo en los tribunales el desenlace final de una de las historias más impactantes de su vida.

Por su parte, también precisó que el desarrollo de su libro no solo significó rememorar los hechos más catastróficos de su vida, sino también que fue un riesgo en la salud y la vida de sus familiares directos e incluso ella misma.

“Fue como que también me puede pasar algo, en algún momento me lo plantee, pero decía como que prefiero hacer las cosas de frente. Si pasa algo, la culpa va a recaer sobre mí, pero es mejor hacer las cosas de frente que no hacerlas, uno no puede vivir paralizado con el miedo”, enfatizó López.

Confesó que desde que publicó Lo que no borró el desierto, muchas personas se le acercan para contarle que también asesinaron a sus familiares, ese mismo hecho sucedió tras su presentación en la Feria del Libro del Bicentenario en Lima, pues un compatriota suyo se le acercó para comentarle que su madre también había sido acribillada, aquella mujer era una líder social y defensora de los derechos humanos, y le contaron que no pasaba nada en el sistema legal colombiano sobre estos casos. “Otra vez más un hecho de impunidad”, expresó la autora.

Mantiene el poder

Sobre la influencia que tiene el asesino Kiko Gómez, López Zuleta manifestó que, mantiene el poder en la zona de la Gaujira, considerando también que actualmente su hija es diputada en la misma localidad. Confesó que este exfuncionario se encuentra en una cárcel privilegiada e incluso hace fiestas en el centro penitenciario, sin embargo, pese al conocimiento de la prensa sobre ello, no se hace nada porque todos están a favor de él.

Dolor e impotencia

La historia de Diana no solo refleja el dolor e impotencia que se vive bajo las injusticias por crímenes desarrollados por delincuentes que tienen poder, tanto sea político o económico. Este hecho no solo se vive en Colombia, pues en el Perú, también lo hemos visto.

Tuvo oposición

Exclamó también que cuando decidió hacer el libro se atrevió a desarrollarlo pese a que su familia se oponía, e incluso se alejaron en el transcurso de la creación del ahora producto literario que ya se puede conseguir en formato físico y virtual.

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