Domingo de Ramos, el día que Jesús entra a Jerusalén e inicia su pasión

Tras ayunar 40 días en el desierto, entró a la cuidad, donde cumple con su destino de Hijo de Dios.

El Domingo de Ramos es día de gran dualidad; celebrándose la jornada en que Jesús entra a la ciudad de Jerusalén. Y, también es el momento en que empieza la Semana Santa, días que terminarán con la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo, en el siguiente Domingo de Pascua.

Jesús, previamente estuvo en soledad por 40 días en ayuno en el desierto, en lo que se llama la Cuaresma. Lo que significa para todo católico, el tiempo de purificación y de preparación para la Semana Santa que, se inicia siempre en el Miércoles de Ceniza.

Todos los evangelios narran a Jesús de Nazaret acercándose a Jerusalén, para iniciar la semana clave de su vida. Antes de llegar, Jesús se detuvo en Betania y Betfagé, y Juan dice que cenó con Lázaro y sus hermanas, María y Martha. Y a medida que se acercaba a la gran ciudad, la gente lo esperaba con ramos de olivos y aplausos.

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San Lucas lo describe: «Según iba avanzando, la gente alfombraba el camino con los mantos. Y cuando se acercaba ya la bajada del monte de los Olivos, la masa de los discípulos, entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos, por todos los milagros que habían visto, diciendo: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto».

Narran las escrituras que se gritaba: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!», frase que suele repetirse en cada iglesia del mundo este Domingo de Ramos».

¿Por qué se llama Domingo de Ramos?

Se llama Domingo de Ramos porque la gente, desde que lo conoció, recibía a Jesús entregándole ramos de olivo o de palma en su andar, un gesto que venía de los más humildes.

En cada iglesia del mundo, este domingo hay cristianos que lleguen con su ramo que será bendecido por los sacerdotes y que luego serán llevados a sus casas como un símbolo de la renovación de la fe en Dios.

En la misa de Ramos, el Papa Francisco rememora: «Jesús nos sorprende desde el primer momento. Su gente lo acoge con solemnidad, pero Él entra en Jerusalén sobre un humilde burrito. La gente espera para la Pascua al libertador poderoso, pero Jesús viene para cumplir la Pascua con su sacrificio. Su gente espera celebrar la victoria sobre los romanos con la espada, pero Jesús viene a celebrar la victoria de Dios con la cruz».

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