El engaño de Hitler: ¡De los archivos secretos de los nazis!

Hitler no murió en el búnker alemán en 1945; fue propaganda organizada para su huida a Sudamérica. En Argentina su nombre era Kurt Bruno Kirchner.

Por Andrés Dávila

Una vez finalizada la segunda guerra mundial, aún quedaba un gran misterio por resolver: ¿qué había sido del Führer? Su inquietante desaparición alimentaba los rumores acerca de su posible huida, promovidas por la inteligencia soviética. Con el objetivo de desmentirlos y arrojar un poco de luz sobre lo realmente acontecido en el búnker de Berlín en abril de 1945, los Servicios de Inteligencia británicos encargaron al joven oficial e historiador Hugh Trevor-Roper que siguiera los últimos pasos de Adolf Hitler hasta su muerte.

El libro Los últimos días de Hitler fue el resultado de esta investigación, publicado en 1947 y continuamente reeditado y enriquecido con nuevos testimonios, revisiones y descubrimientos. Considerado como un clásico indispensable para entender el funcionamiento y la estructura del régimen nazi y sus personalidades más destacadas, esta obra reconstruye los últimos momentos del Tercer Reich, todavía bajo la influencia de la dual idea nazi de victoria total o el aniquilamiento.

HUGH TREVOR-ROPER, SOLDADO EX SS

Cuando iniciaba la preparación de la documentación para escribir la novela El Oro de Mefisto en el año 2009, dice Trevor-Roper: “Me encontré con los primeros documentos que hablaban de una supuesta huida de Adolf Hitler del búnker de la Cancillería en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. La verdad es que no le di importancia, fueron simples papeles oficiales que hablaban de una leyenda que ya había oído en innumerables ocasiones y yo lo único que pensaba era en incluir la huida de Hitler del búnker como una historia secundaria en mi novela, y en el contexto de la ficción. Documentos firmados por personajes como J. Edgar Hoover director del FBI entre 1935 y 1972, Dwight D. Eisenhower, gobernador militar de la Zona de Ocupación Aliada estadounidense en Alemania entre mayo y noviembre de 1945, o el mismísimo mariscal Georgi Zhukov, conquistador de Berlín, afirmaban que Hitler podría haber escapado del cerco soviético a la capital del Tercer Reich en abril de 1945. Mientras creaba la trama de ficción en torno a la huida de Hitler iba encontrándome documentos reales con personajes reales como Hanna Reitsch, Peter Erich Baumgart, Martin Bormann, Heinz Schäffer, Otto Wermuth, Michael Musmanno, Gustav Weler, actores que iban conformando una trama cuya realidad superaba sin duda la ficción que estaba creando. Mucha gente está ampliamente familiarizada con la historia oficial”.

TAMBIÉN LEE: Reloj del Apocalipsis: A 100 segundos para el fin del mundo

De hecho, la circunstancia de que Hitler muriera en un búnker ya ha sido puesta en tela de juicio por algunos historiadores. Es concebible que Hitler sobreviviera a la caída de Berlín en manos de los aliados y escapara a Argentina, que ningún cadáver fuera quemado en el búnker o que el cuerpo incinerado fuera de otro, que el suicidio de Hitler fuera inventado por motivos de propaganda por los rusos que llegaron al búnker o que el búnker no hubiera existido jamás en absoluto, ya que su localización exacta sigue siendo asunto de debate.

LAS PALABRAS DE CHURCHILL

La frase de Winston Churchill, “la historia la escriben los vencedores”, nunca había sido más real como en lo que a la muerte de Hitler se refiere. A medida que la guerra llegaba a su fin, el primer ministro Churchill y el gobierno británico debían asegurarse de que la historia no iba se repetiría jamás, que no habría ningún resurgimiento del nacionalsocialismo alemán dictando el fin de la historia del Tercer Reich. El relato iba a ser tan poco edificante como para empañar permanentemente el prestigio del régimen a los ojos de incluso sus más ardientes defensores. Realmente ni británicos ni estadounidenses mostraron interés alguno en el verdadero destino de Hitler. Su único interés radicaba en asignar al líder del movimiento nazi la más innoble salida de la etapa histórica. En este sentido, la imagen del cadáver carbonizado de Hitler en el cráter de una bomba en el jardín de la Cancillería como si fuera “basura esparcida”, según afirmó Michael Musmanno, juez en los Juicios de Núremberg, funcionaba. El mariscal Georgi Zhukov Iósif Stalin jamás creyó que Hitler muriese en el búnker.

Lea la nota completa en nuestra versión impresa o en nuestra versión digital AQUÍ.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.