Fernando Valverde: Reivindicar la verdad como belleza es una forma de resistencia

Poeta, catedrático universitario en Virginia (EEUU), fundador del FIP Granada (España), Fernando Valverde es uno de los poetas más poderosos en lengua española.

Por Harold Alva

«Desgracia», su último libro, no solo confirma el vigor de su poética, sino que le devuelve al lenguaje su virtud para reinterpretar el dolor, la fatalidad, el desgarro como puñal o como relámpago para permanecer de pie. Valverde no ha escrito, ha sangrado. Dialogué con él.

«A mi madre, que me enseñó la belleza que hay en la verdad» y «A Nieves, que me mostró la luz en las tinieblas», escribes en las dedicatorias; qué es la luz, Fernando, y cuánto realmente de belleza puede entregarnos la verdad?

Como escribió John Keats, la belleza es verdad y la verdad belleza, es todo lo que sabremos sobre la tierra y todo cuanto necesitamos saber. Incluso cuando una verdad es terrible se trata de un acto sublime. Vivimos en un tiempo en el que la belleza es de mentira, un tiempo de falsedad y superficialidad. Reivindicar la verdad como belleza es una forma de resistencia de la poesía contra la publicidad y el marketing.

Quise abrir así porque lo que nos estalla cuando leemos “Desgracia” es la construcción de una poética que no solo confirma tu vitalidad sino que nos interpela desde nuestros miedos más profundos. ¿Cómo lograr alcanzar un discurso con ese desgarro y sobrevivir para escribirlo?

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El desgarro te impide hasta hablar, hasta regresar a la ciudad que ha sido tuya. El desarraigo es traumático por esencia. Sin embargo, la poesía sucede fuera de los márgenes de ese desarraigo y no se detiene, nos da las palabras para poner nombre a las desgracias y, al nombrarlas, dejamos de padecerlas en soledad.

Partes de la imagen de la madre, describes su épica contra el olvido, y apelas a elementos y ciudades que me produce la sensación de estar frente a una metáfora del mundo. A esa forma de desaprensión con la naturaleza que nos ha ido destruyendo hasta convertir sistemas de organización como monstruosas maquinarias de sometimiento. ¿De qué nos ha servido la historia, Fernando, y para qué podría servirnos la poesía?

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