Fiorella Terrazas: las confesiones de una poeta queer

Editorial Dulzorada presenta poemario bilingüe en la Biblioteca Municipal de Barranco, Pedro de Osma 102, hoy a las 7 p.m.

Por Arturo Delgado Galamberti

Si bien perteneces a la generación millennial, tienes una mirada crítica frente a las nuevas tecnologías, incluso en tu libro hay poemas como “Notificaciones”, donde hay una autocrítica ante el alejamiento que las nuevas tecnologías suponen frente a la naturaleza, ¿esto se relaciona con lo que la prologuista de tu libro denomina “contracultura digital”?

Los poemas hablan desde este lenguaje millennial, también desde la perspectiva “cam girl”, incluso de la nueva vanguardia, de la nueva forma de ver el arte hoy en día que entra en el debate por cómo se presenta. A los artistas los conoces a través de Instagram, yo menciono mucho las redes sociales, lo vinculo mucho dentro del cuerpo, dentro de la vida diaria, porque ya es parte de nuestra identidad. También utilizo mucho esta crítica a la sociedad. Porque usamos la tecnología pero no somos críticos del alcance que tiene la contaminación, estamos atropellando el planeta, y de paso somos ciberactivistas todos los días, como en “Black Mirror”. La pandemia está muy presente a lo largo de todo el libro. Me gusta mucho una mirada política. Tengo muy presente las palabras de Christina Rosenvinge en una entrevista donde dice que los que escriben trabajamos también bajo el inconsciente colectivo, es decir los escritores trabajamos desde una perspectiva no solo del yo, y yo quiero escribir también sobre todos los que me rodean. Todos los de mi generación hemos participado en la marcha pulpín, estuvimos cuando empezaron a activarse las zonas, no existía una organización de la rabia donde estuvieran los jóvenes, y esta vez eran jóvenes de diecisiete años organizándose. Y para mí esas movilizaciones de la juventud son hitos históricos importantes que tienen que ser conversados dentro de la literatura y más aún dentro de la poesía, porque la poesía es revolución, y dentro de la historia de la literatura volvemos a citar como siempre a Hora Zero, a Kloaka, quienes serán recordados por siempre, porque hicieron la revolución, fueron los malcriados, y su poesía trascenderá en este tiempo.

Tú te consideras transfeminista, en un verso escribes “soy transfeminista faltándole el respeto a lo macho”. En esta polémica que hubo a partir de MeToo entre las propias feministas, en dónde te ubicarías dentro del feminismo o transfeminismo…

Yo creo que el transfeminismo es colaborar más que nada dentro del espacio queer, dentro de la comunidad LGTBI, con las compañeras trans sobre todo, porque creo que pertenecen a la comunidad más golpeada de todas las comunidades, porque vivimos en una sociedad bastante homofóbica, es un problema arraigado en la cultura. No soy una persona trans, pero sí sé que tengo que colaborar con la comunidad, y espero en algún momento poderme encontrar con distintas personas y artistas y gestores que hagan en el Perú este tipo de arte para poder comunicarlo al mundo, y al Perú sobre todo, para que este tipo de pensamiento conservador vaya cambiando y no exista este tipo de estereotipo mal visto, para no generar violencia ni odio, desembocar el arte al final en educación, en lectura, en respeto a lo humano, en respeto a la vida, en tolerancia, a través del arte, de la literatura también…

¿No crees que tu poesía se caracteriza por la contradicción, entre Eros y Thánatos? Hay una defensa de la comunidad trans y del otro, y una conciencia ecológica, pero también hay una rebeldía un tanto explosiva, y también se mueve entre la melancolía y pulsiones suicidas, que están relacionadas con lo tanático. Explícame esta ambivalencia de tu poesía.

Este poemario tiene tres partes –Inanición, Power y Poe-Future-, una parte emocional porque hay poemas desde el 2017 muy depresivos, bastante emocionales, y los otros empoderados porque han sido emocionales pero hacia lo positivo, sobre los temas millennial o sobre la relaciones cibernéticas, pero ya de una manera más reivindicativa de su identidad. En Inanición es como buscar la Alejandra Pizarnik, la suicida, la maldita. Yo a los ocho años ya pensaba en escribir, porque yo he sido tan hipersensible… Yo defiendo mucho esta generación de cristal porque quién no ha tenido su momento cristal, su momento “sad”, en las terminologías millennials o centennials. Yo aprendo mucho de mis alumnos porque dicto talleres de poesía, se llama fun cam poetry, “hazlo todo con tu celular”, todo el mundo juega con el celular, y por qué no en vez de jugar puedes crear tus poemas. Todo eso lo he desembocado en mi libro, que es una selección, hay poemas que han sido publicados en plaquetas de poesía, así como poemas inéditos, escritos en castellano e inglés, de 2017 a 2021. Aunque yo vengo trabajando mi poesía desde el 2010, he participado en recitales de poesía desde que existía el Averno, cuando era muy chibola y tenía el cabello súper largo.

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