Hotel Comercio: a 94 años del sanguinario crimen que escandalizó Lima en 1930

El Bar Cordano es uno de los bares más antiguos y tradicionales del Centro Histórico de Lima y fue fundado el 13 de enero de 1905. Ha sido centro de varias tertulias de famosos, artistas, escritores y poetas. Sobre él se han tejido una serie de historias, tétricas, fantasmales y crímenes desenfrenados.


El restaurant bar Cordano celebró sus 120 años de creación, el cual antes era el conocido Hotel Comercio. Es uno de los más antiguos del centro de Lima, ha acogido en su local a muchas personalidades de nuestro país.

El Cordano comenzó como un bazar, que fue fundado por los italianos Vigilio Botano y los hermanos Luis y Antonio Cordano, un 13 de enero de 1905. Luego decidieron que sería un salón-restaurante. En 1978 los Cordano cedieron el negocio a sus trabajadores.

Entre las personalidades que visitaron alguna vez El Cordano destacan el fotógrafo Mario Testino, el pintor Víctor Humareda, la cantante y exministra de Cultura Susana Baca, así como los escritores Julio Ramón Ribeyro, Martín Adán y el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

Además, el establecimiento ha sido visitado por casi todos los presidentes de la República desde Juan Velasco Alvarado, a excepción del exmandatario Ollanta Humala.

El restaurante bar se encuentra ubicado en el jirón Áncash frente a la estación ferroviaria Desamparados y la Casa de la Literatura Peruana.  Fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación el 26 de abril de 1989.

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El bar restaurante Cordano es considerado por mucho como el último bar tradicional y bohemio de Lima, que resistió al paso de los años y ahora es parada obligada de los cientos de turistas y visitantes que transitan por el Centro Histórico.

Ubicado a escasos metros de Palacio de Gobierno, el bar restaurante Cordano ocupa una antigua casona de columnas de madera y piso de granito que se ve invadido por el aroma del café en las mañanas y el olor de los riñones al vino a la hora del almuerzo.

“No hay documentos, pero el Cordano fue fundado en 1905 por los hermanos Luis y Antonio Cordano cuando llegaron de Italia. Primero tuvieron un bazar donde empezaron vendiendo café y luego la gente empezó a exigir más y poco a poco se fueron expandiendo”.

El bar ocupa una vetusta casona de paredes de barro y deslucidos pisos de granito. El establecimiento, que también funciona como restaurante, tiene un área de 280 m² dividido en tres salones, con capacidad para 150 personas. Está a escasos metros del Palacio de Gobierno, situado en una esquina, con dos entradas, una en el Jirón (calle) Ancash 202 y la otra en Carabaya, frente a la estación de Desamparados del viejo ferrocarril limeño.

El crimen del hotel Comercio

Sin embargo, el Bar Restaurante el Cordano guarda entre sus viejas estructuras un trágico y oscuro incidente que marcó el escándalo más grande ocurrido en Lima y que forma parte de nuestra historia.

Lima era una ciudad movida, viajeros entraban y salían de la Estación Desamparados, había mucho comercio y circulaban también ciudadanos extranjeros que llegaban para establecerse en nuestro país, hacer negocios o, simplemente, de paso hacia otro destino, como los protagonistas de este suceso.

El 24 de junio de 1930 Lima fue testigo de un macabro asesinato que remeció a la opinión pública. Los diarios lo llamaron el crimen del Hotel Comercio.

La historia empieza cuando dos españoles arribaron el 20 de junio del mismo año a Lima. Genaro Ortiz y Marcelino Domínguez venían de robar una joyería en Buenos Aires, Argentina. Ambos llegaron a la Estación Desamparados (actual Casa de la Literatura) y decidieron alquilar la habitación 89 del hotel Comercio que estaba en la esquina del jirón Áncash y Carabaya.

La noche del 24, empezaron con una acalorada discusión, en donde Genaro le pedía a Marcelino que le devolviera el dinero prestado, el cual fue usado para ir al Estadio Nacional. Sin embargo, en un momento de ira, Genaro le dio un martillazo a su compañero, quien cayó muerto.

Considerado el crimen del siglo. La gente estaba pendiente de los nuevos detalles que se iban descubriendo cada día y de las declaraciones de la Policía, se convirtió en el suceso del momento que atrajo la curiosidad de hombres y mujeres, así como el incremento de las ventas de los diarios que seguían la macabra historia. Incluso, algunos se entusiasmaron al encontrar en este asesinato una historia que podían equiparar a los crímenes de las ciudades más cosmopolitas.

Incluso, algunos se entusiasmaron al encontrar en este asesinato una historia que podían equiparar a los crímenes de las ciudades más cosmopolitas. El narrador Clemente Palma, hijo del tradicionista (Ricardo Palma), escribió en la revista “Variedades”: “Por fin tenemos en nuestro medio uno de esos crímenes horripilantes que son moneda corriente en Londres, Nueva York, Berlín o Chicago”, como una aproximación a la modernidad que se esperaba de la Lima de los años treinta.

Los hechos

Cuenta la historia que dos españoles llegaron a Lima en junio de 1930. Se hospedaron en el cuarto 89 del hotel Comercio, donde hoy queda el célebre restaurante y Bar Cordano.

Uno se llamaba Genaro Ortiz; el otro, Marcelino Domínguez. En verdad, ambos eran estafadores que arribaban de Argentina y Bolivia. En esa época, este sitio era el mejor de la capital porque se ubicaba a una cuadra de la Plaza de Armas, al costado de Palacio de Gobierno y junto a la estación del tren. Una vez instalados, se fueron a pasear por Lima.

Por la noche, sin embargo, regresaron al hotel y pelearon por un botín. Tan intensa se puso la situación que Ortiz termina por matar a su socio a martillazos.

Como Ortiz había estudiado algo de medicina en España, corta su cuerpo en partes. A continuación, las mete en dos maletas, sale por la puerta principal y va a buscar otro hospedaje, esta vez en la calle Concha, localizado en una casa que todavía existe, frente al Teatro Municipal. Las maletas se las dejaron a los propietarios y sin decir nada se fue al Callao para luego enrumbar a Ecuador y posteriormente a Panamá. El olor terrible que emanaba de ellas obligó a llamar a la policía y el escándalo estalló.

Pericias oficiales

Los sucesos oficiales consignados en las crónicas policiales daban cuenta de dos personajes españoles que llegaron de Bolivia a la Estación Desamparados con un supuesto botín de joyas robadas. Se hospedaron en el Hotel Comercio porque se encontraba a escasos pasos de la estación.

Estos eran Genaro Ortiz y Marcelino Domínguez. Al parecer, discutieron en la habitación 89 (donde se hospedaban), por causa de estas joyas y, mientras Domínguez dormía, Ortiz aprovechó en buscar un martillo y un serrucho en calles cercanas al hotel. Mató a Domínguez con golpes en la cabeza, descuartizó el cuerpo y los guardó en dos maletas.

Con una personalidad calculadora, Genaro Ortiz preparó su fuga. El hombre, (Ortiz) sin saber qué hacer, optó por descuartizar el cuerpo para que entrara en dos maletas. Para ocultar los restos, habló con Esther Buendía. Ella le alquiló un cuarto en la calle Concha 356 (actual jirón Ica, frente al Teatro Municipal).

El español dejó la maleta en la casa alquilada, dejó con candado el lugar y partió hacia el Callao para irse a Ecuador. Pasaron unos días y la familia Buendía empezó a sentir un olor putrefacto que salía de la habitación. Llamaron a la Policía y ellos encontraron la maleta con el cuerpo en descomposición de Marcelino.

Después de una investigación, la Policía encontró pequeños detalles del asesinato en la habitación del hotel Comercio. Además, los documentos de Genaro eran falsos. No obstante, el jefe de los agentes del orden encontró el verdadero nombre del empresario y comenzaron a buscar su paradero con una alerta internacional.

Finalmente, Genaro Ortiz fue encontrado en Panamá el 10 de julio de 1930 y condenado a 25 años en la Penitenciaria de Lima (Donde hoy se encuentra el Hotel Sheraton). Sin embargo, recibió un indulto por parte del presidente Manuel Prado Ugarteche en los años 50. Al parecer Ortiz continuó su vida en el Perú, pero con otro nombre, y no se supo más de él.

La habitación 89 del hotel Comercio continuó funcionando y en unos años cerraron. Pese a ello, lo único que ha quedado es el bar Cordano que se encuentra en el primer piso. Al hotel Comercio le cayó la noche debido al suceso y cerró. Casi nadie sube a los pisos superiores del Cordano desde los 50, que aún albergan vacías 120 tenebrosas habitaciones.

Patrimonio cultural

El Restaurante Bar Cordano se ha convertido en un hito en la Historia del Centro histórico de Lima, ha sido lugar de reuniones de presidentes, diplomáticos, famosos y personajes que han sido y son parte de la historia.

En 2005 la Municipalidad de Lima le otorgó un reconocimiento por su centenario de vida. Fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por R.J. N.° 009-1989-INC/J el 26 de abril de 1989.

En 1978 los Cordano le traspasaron el negocio a sus mozos, quienes mantuvieron viva la tradición y la exquisita sazón de sus platos que han atraído a reconocidos intelectuales, bohemios, artistas y políticos de derechas e izquierdas, incluyendo casi todos los presidentes del Perú.

HOTEL COMERCIO
“Todos los presidentes del Perú han venido, desde que yo trabajo en el bar han visitado Morales Bermúdez, Juan Velasco Alvarado y también Fernando Belaunde Terry”, cuenta emocionado Cabeza, uno de los mozos más antiguos del Cordano.

El mozo contó a que el expresidente Alejandro Toledo visitó solo una vez el bar Cordano tras inaugurar unas obras en Carabayllo durante su gestión. Detalló que el exmandatario se rehusó a un pisco sour ya que se encontraba trabajando.

El bar y restaurante Cordano ofrece sus deliciosos sanguches de jamón, butifarras, y hasta un suculento sancochado durante el desayuno. Mientras que para el almuerzo destacan el tacu tacu con lomo o los riñones al vino. Puede acompañar con un pisco sour o un chilcano.

“El plato de bandera del Cordano el bistec apanado con tacu tacu. Tenemos cerca de 200 platos en la carta. Es un restaurante completo para poder comer un aperitivo con una entrada, con una sopa, con un postre”, indicó Cabeza.

La crónica roja

El historiador Juan Luis Orrego ha seguido el contexto histórico que envolvió el sonado asesinato del Hotel Comercio y nos remonta a un crimen anterior igual de impactante. En 1908, el empresario italiano José Rocataglia fue acuchillado a muerte, posiblemente, por sus propios familiares que vinieron de Italia. Este asesinato a comienzos del siglo XX y el cometido por Genaro Ortiz coinciden en que fueron a manos de ciudadanos europeos: “Cuando te abres al mundo, llega lo bueno y lo malo, son los costos de la modernidad. Trae cuestiones interesantes, nuevas ideas, más dinero, la economía y la sociedad se dinamizan, muchos salen de la pobreza, pero también vienen nuevos peligros, otros problemas y desafíos, y, en este caso, formas más sofisticadas de cometer crímenes”, comentó Orrego.

Para él, existen también otros factores que pudieron influir para incrementar el escándalo en la opinión pública. En aquella época, existen también otros factores que pudieron influir para incrementar el escándalo en la opinión pública. En aquella época, las crónicas policiales eran las más leídas de los periódicos y Lima vivía ese boom: “Los diarios encontraron una lectoría importante en las crónicas policiales, especialmente con casos bastante escandalosos como el del Hotel Comercio. Incluso, hubo historias policiales que las dividían en capítulos, cada día venía un añadido y eso era una suerte de gancho para que la gente compre el periódico. A veces, solo lo compraban por estos eventos que desataban el morbo. Si estos daban para más se convertían en una saga periodística”, dice el historiador. Este énfasis explicaría también por qué los diarios de la época acentuaron en sus páginas el crimen.

Pero, Orrego lanza una nueva hipótesis que también podría explicar que el asesinato estuviera en la boca de la gente durante tanto tiempo: “Entre julio y agosto de 1930 se vivieron los últimos días del gobierno de Leguía, y ya venían sonando las amenazas y los trascendidos del golpe. Es posible generar la hipótesis de que estos crímenes funcionaron también como distractores, y que el gobierno de turno tratara de maximizar este tipo de eventos para desviar la atención. La población tenía un ‘caramelo’ todos los días para distraerse de los asuntos importantes”, otra perspectiva de los hechos que Orrego propone analizar.

“Nunca antes un hecho de esa naturaleza había capturado con tal fuerza la imaginación y el interés de la ciudadanía, tanto que pasadas las décadas ‘el crimen del Hotel Comercio’ será el centro de una serie de relatos escritos y materia de permanente investigación periodística”, escribió el periodista Jorge Salazar en el libro Historia de la noticia. Periodistas, historiadores y cronistas han desentrañado el descuartizamiento del Hotel Comercio, un crimen que convirtió a esa casona en sede de historias de aparecidos y que le dio a Lima un paradójico y macabro aire de modernidad.

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