Las calaveras de cristal y su extraño mensaje para la humanidad

La leyenda dice que son 12 en todo el mundo y representan los 12 mundos en los que hubo vida; de juntarse todos, el mundo llegaría a su fin. Además, los científicos afirman que los cráneos de cristal tienen por lo menos 3,660 años de antigüedad y eran empleados por el sumo sacerdote maya en ritos esotéricos.


Los cráneos de cristal son unas esculturas con forma de cráneo talladas en cuarzo transparente o translúcido (conocido también como “cristal de roca”). Desde el descubrimiento de los cráneos de cristal a finales de 1800, su origen ha sido un misterio, algunos dicen que fueron donados por pobladores de la desaparecida Atlántida, y que además de tener poderes curativos, paranormales y espirituales, las teorías de su origen van desde los mayas y aztecas hasta inteligencias alienígenas.

Las afirmaciones sobre poderes curativos y sobrenaturales de los cráneos de cristal no tienen fundamento en la comunidad científica, que no ha encontrado evidencia de cualquier fenómeno inusual asociado con los cráneos, así como ninguna razón para seguir investigando, excepto la confirmación de su origen y método de manufactura.

Algunos creyentes en lo paranormal afirman que los cráneos de cristal pueden producir una variedad de milagros. Anna Mitchell-Hedges afirmaba que el cráneo que supuestamente había descubierto podía causar visiones, curar el cáncer, que una vez empleó sus propiedades mágicas para matar un hombre y que en otra ocasión vio en este una premonición del asesinato de John F. Kennedy.

Probable origen Maya

Los cráneos de cristal también son mencionados por Drunvalo Melchizedek en su libro ‘Serpiente de Luz’. Él escribe que se encontró con nativos descendientes de los mayas que tenían cráneos de cristal y los empleaban en ceremonias en los templos de Yucatán, que según él contienen almas de antiguos mayas que entraron en los cráneos para esperar el momento cuando su antigua sabiduría sea otra vez necesaria.

Las supuestas asociaciones y orígenes de la mitología de los cráneos de cristal en el mundo espiritual de los nativos estadounidenses, como proponen escritores neochamanistas tales como Jamie Sams, son igualmente desacreditados. En cambio, como observa Philip Jenkins, la mitología de los cráneos de cristal puede rastrearse hasta las “leyendas barrocas” inicialmente difundidas por F.A. Mitchell-Hedges.

Otra especulación reciente y sin fundamento histórico relaciona la leyenda de los cráneos de cristal con el término del actual ciclo baktun del calendario maya el 21 de diciembre de 2012, afirmando que al reunir los trece cráneos místicos se evitará una catástrofe supuestamente predicha o implícita por el final de este calendario. Una emisión de esta afirmación apareció (junto a muchas otras) en ‘El misterio de los cráneos de cristal’, un programa de 2008 producido para el Sci fi channel en mayo y emitido en el Discovery Channel de Canadá en junio del mismo año.

Entre los entrevistados figuran Richard C. Hoagland, que trató de relacionar a los cráneos de cristal y los mayas con vida en Marte, y David Hatcher Childress, que propuso un origen atlante de los cráneos y afirma que tienen propiedades antigravitacionales.

Hacia la década de 1970, los cráneos de cristal habían entrado en la mitología New Age como poderosas reliquias de la antigua Atlántida, e incluso obtuvieron un número canónico: había exactamente trece cráneos. Nada de esto tendría relación con temas de los indígenas norteamericanos, si los cráneos no hubiesen llamado la atención de algunos de los más activos escritores de la New Age.

Cierto o falso

Esta escultura de cuarzo de 11 cm de altura, conocida con el nombre de Cráneo de París, fue donada al Museo Etnográfico de la capital francesa por el explorador Alphonse Pinart en 1878 y fue considerado durante un tiempo como una obra de arte precolombina, representación de Mictlancihuatl, deidad azteca del mundo de los muertos.

No se conoce ningún cráneo de cristal que se haya encontrado durante excavaciones arqueológicas que atestigüen su autenticidad, y esas calaveras “no respetan las convenciones de representación de los cráneos humanos, y en particular de las divinidades de la muerte, entre los aztecas y los otros pueblos de tradición mesoamericana”, según el museo.

La aparición de estos objetos, presentados como esculturas precolombinas, a fines del siglo XIX, provocó una curiosidad y una fascinación en el mundo de la arqueología tan grande como las dudas que rápidamente aparecieron sobre su autenticidad.

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Se catalogaron doce en todo el mundo y la leyenda dice que corresponden a los doce mundos en los que hubo vida humana. Los Itzas, venidos de la Atlántida, los trajeron a la Tierra y los entregaron a los hombres, junto con sus conocimientos.

Pero la Tierra, el más joven de los mundos habitados, tiene también su cráneo, el 13º. Todos ellos fueron guardados en una pirámide sucesivamente por los olmecas, los mayas y los aztecas. Estos fueron responsables de su dispersión, siempre según la leyenda, que afirma que, si fuesen reunidas, las trece calaveras tendrían poderes maravillosos, incluso el de parar el mundo, si fuesen alineadas el último día del calendario maya, el 12 de diciembre de 2012.

Eruditos dicen que son falsas

Se ha afirmado que varios cráneos de cristal son de origen precolombino, siendo habitualmente atribuidos a los aztecas o mayas. El arte mesoamericano tiene numerosas representaciones de cráneos, pero ninguno de los cráneos de cristal de las colecciones de museos proviene de excavaciones documentadas.

Las investigaciones llevadas a cabo en varios cráneos de cristal en el Museo Británico en 1967, 1996 y nuevamente en 2004 han mostrado que las líneas que marcan los dientes (ya que estos cráneos no tienen maxilares separados, como el cráneo Mitchell-Hedges) fueron tallados usando herramientas de joyero (herramientas rotativas) desarrolladas en el siglo XIX, por lo que un supuesto origen precolombino sería poco probable.

El tipo de cristal fue determinado al examinar las inclusiones de clorita, que solo se encuentran en los cristales de Madagascar y Brasil, por lo tanto difícil de obtener o desconocido en la Mesoamérica precolombina. El estudio concluyó que los cráneos fueron hechos en Alemania en el siglo XIX, muy probablemente en talleres de la ciudad de Idar-Oberstein, conocida a fines del siglo XIX por crear objetos hechos de cuarzo brasileño importado.

El comercio de artefactos precolombinos falsos se desarrolló a fines del siglo XIX a tal punto que en 1886, el arqueólogo William Henry Holmes del Instituto Smithsoniano escribió un artículo titulado “El comercio con antigüedades mexicanas espurias” para la revista Science. Aunque los museos habían comprado cráneos antes, fue Eugène Boban, un anticuario que abrió su tienda en París en 1870, quien es más asociado con las colecciones de cráneos de cristal de los museos del siglo XIX. La mayor parte de la colección de Boban, inclusive tres cráneos de cristal, fue vendida al etnógrafo Alphonse Pinart, que donó la colección al Museo Trocadero, que más tarde sería el Museo del Hombre.

Sobria investigación

Una investigación llevada a cabo por el Instituto Smithsoniano en 1992 en un cráneo de cristal suministrado por una fuente anónima que dice haberlo comprado en Ciudad de México en 1960 y que es de origen azteca, también concluyó que fue hecho en fecha reciente. Según el Instituto Smithsoniano, Boban compró en Alemania los cráneos de cristal que vendía, hallazgos que concuerdan con los del Museo Británico.

En mayo de 2008, un estudio detallado de los cráneos de cristal del Museo Británico y el Instituto Smithsoniano fue aceptado para su publicación en Jornal of Archaeological. Empleando un microscopio electrónico y cristalogía de rayos X, un equipo de investigadores británicos y estadounidenses hallaron que el cráneo del Museo Británico fue labrado con una sustancia abrasiva áspera, como corindón o diamante, y modelado empleando una herramienta de disco rotativo hecha de un metal adecuado.

El espécimen del Instituto Smithsoniano fue labrado con un abrasivo diferente, el carburo de silicio (SiC), que es una sustancia sintética manufacturada con modernas técnicas industriales. Dado que la síntesis del carborundo data solamente de la década de 1890 y su amplia disponibilidad data del siglo XX, los investigadores concluyeron que “[se] sugiere que fue hecho en la década de 1950 o después”.

El cráneo del Museo Británico

El cráneo de cristal del Museo Británico apareció por primera vez en 1881, en la tienda del anticuario parisino Eugene Boban. Su origen no está indicado en su catálogo de aquel entonces. Él dijo que trató de venderlo al Museo Nacional de México como un artefacto azteca, pero no tuvo éxito. Más tarde Boban mudó su negocio a Nueva York, donde el cráneo fue vendido a George H. Sisson.

Fue expuesto en la reunión de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia en Nueva York en 1887 por George Frederick Kunz. Fue subastado y comprado por Tiffany & Co., que más tarde lo vendió al Museo Británico en 1897. Este cráneo es muy parecido al cráneo Mitchell-Hedges, aunque es menos detallado y no tiene una mandíbula móvil.

El cráneo del Museo de París

El más grande de los tres cráneos vendidos por Eugene Boban a Alphonse Pinart (a veces llamado Cráneo de París), con unos 10 cm de alto, tiene un agujero perforado verticalmente a través de su centro. Forma parte de una colección que se encuentra en el Museo del Muelle y fue sometido a pruebas científicas que se llevaron a cabo en 2007-2008 por el Centre de recherche et de restauration des musées de France (Centro de investigación y restauración de los museos de Francia, o C2RMF).

Tras una serie de análisis llevados a cabo durante más de tres meses, los ingenieros del C2RMF llegaron a la conclusión de que “ciertamente no es precolombino, muestra huellas de pulido y lijado efectuados con herramientas modernas”. Las pruebas en el acelerador de partículas también revelaron huellas de agua ocultas que fueron fechadas en el siglo XIX, por lo que el Muelle Branly emitió una declaración en donde las pruebas “parecen indicar que fue hecho a fines del siglo XIX”.

El cráneo del Museo Smithsoniano

Poco después, en 1886, la Smithsonian Institution también se hizo con un cráneo de cristal, en su caso, de la colección de Agustín Fischer, antiguo secretario del emperador Maximiliano I en México. Pero en los años cincuenta ya lo incluyó en una muestra sobre falsificaciones arqueológicas.

La calavera que más tardó en aparecer lo hizo en 1992, año en que un anónimo la donó al Smithsonian. La acompañaba una carta: “Esta calavera de cristal azteca, parte de la colección de Porfirio Díaz, se compró en México en 1960. La ofrezco al Smithsonian sin pedir nada a cambio”. La caja albergaba una calavera de cristal lechoso, algo mayor que un cráneo humano. También era falsa, los estudios realizados dijeron que había sido tallada en los finales del XIX.

Explicaciones fantásticas sin lugar a dudas, lo cierto es que siempre se ha cuestionado su autenticidad. Apenas guardan relación con el sello estilístico y técnico propio de las calaveras precolombinas genuinas (habitualmente de basalto y caliza y ocasionalmente de oro). Hoy la comunidad científica las sitúa entre las muchas s realizadas durante la segunda mitad del siglo XIX.

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