Margarita Laso: «Un artista habita la imaginación sin abatirse»
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Por Sixto Sarmiento

Saber que usted nos visita con ocasión de la feria del Libro del Bicentenario, nos embarga de alegría. ¿Su vínculo con el Perú es más con la música o las letras?

Sonrío cuando pienso en las canciones, esa combinación fulminante de letra y música. No siempre los textos que cantamos son poemas, pero como en algunos poemas, la poesía se desliza en una línea poderosa y nos apunta desde una nave de la que no podemos escapar. Somos tan cercanos, compartimos partituras, los géneros nuestros son hermanos, nuestras músicas se abrazan. Nos reconocemos. La bella música peruana se canta en el Ecuador y las fronteras en nuestros repertorios son borrosas. Tengo dentro de mí la voz de Lucha Reyes, “anida en el jardín de lo soñado”. Y no puedo escapar a la voz victoriosa de César Vallejo como no puede escaparse uno de un tatuaje.

Revélenos su secreto para navegar en este mar lleno de poesía, música y en la gestión cultural.

La gestión es empujar hasta el filo del agua los aperos que se emplearán, es llevar el aire al globo en el que navegaremos, es imaginar el paisaje que vamos a recorrer y trazar un mapa. Parece, a ratos, la parte más áspera de la producción, pero también contiene un sueño sostenido. En los recitales que presentamos el contenido literario es crucial, una alta valoración de las palabras es parte de la búsqueda. A veces la escritura y la actuación están separadas en el tiempo. El silencio se impone y voy de la fiesta al claustro. Cantar es una dicha vivida en comunidad, es la búsqueda del corazón colectivo. La escritura es el regreso, la intimidad de un llamado latente.

Entre pasillos, sanjuanitos, albazos, boleros, tangos, ¿en cuál género siente que el corazón ya no es suyo?

Las canciones son como las horas del día, las horas de la vida. Los géneros hablan de nuestro paisaje, la geografía que nos asombra y nuestros matices y complejidades. La canción de amor en nuestras tierras puede ser dramática o dulce, según su intensidad rítmica. Los tangos desgarrados, los boleros para adultos, los pasillos son, a veces, teatrales. Los sanjuanitos son una marcha, un himno que se zapatea, se golpea la tierra. Los albazos son afirmativos, toda celebración queda asentada con ellos. Valoro la música que acompaña a vivir. Canciones para arrullar, para el festejo, para avanzar en el camino.

A propósito de uno de sus últimos conciertos, ¿es posible arder en la lluvia?

En la tempestad hemos mantenido una lumbre. Siempre hay un rescoldo que al primer remusgo puede levantar una llamarada. Hemos estado a la intemperie en estos 20 meses. Imágenes atroces de este tiempo no serán olvidadas, y, sin embargo, estamos abriendo nuevos caminos. En el repertorio de este tiempo hay canciones añejas y también versos que pertenecen a esta estación estremecida de trabajo, persistencia en temas que celebran la bondad o la belleza, alguna verdad estremecida, homenajes a compositoras y autores de este sur.

Trabajamos la música desde la sed de seguir pero también desde lo pequeño. En medio de las dudas y las pérdidas, las voces de otros y nosotros, nosotras y otras, se hacen palabras para el gusto y la gratitud. En este camino es inevitable recordar que siempre estamos empezando y procuramos la luz y el consuelo. Algunas fábulas hablan mal de las cigarras, nosotros defendemos sus patitas prensiles, la música que nos dan y su crepitar de fogata.

¿Qué hacer para fortalecer más la hermandad peruana ecuatoriana?

Nosotros tenemos que conocernos siempre más. Seguir este intercambio. Aquí, los libros, las palabras, la música nos ayuda en la construcción de lazos amorosos. Los vínculos reales se construyen entre personas que se acompañan. Los amigos que se quieren, las poetas que se leen unas a otras, el tiempo compartido entre los músicos, las noches que parecen infinitas y son imborrables. Nuestros paisajes sociales y nuestras penas se parecen tanto, tenemos un canto que nos une.

¿Siente que el arte sigue siendo una vacuna para sanar tantos males que aquejan a la humanidad?

Para sanar algunos males, tal vez. Para prevenir este mal en concreto, hay que vacunarse con alguna marca y un pinchazo; hay que andar a traer un carnet de desagravio, hay que ser parte de una población optimista. Porque el arte, tal vez, más que una vacuna, es un conjuro, un atado de sábila en los portones, un deseo manifiesto de movimiento y belleza. Un artista habita la imaginación, el lugar de la esperanza que no puede abatirse. Y luego están los oficios que sirven a la comunidad para expresarse, que condensan sus lágrimas y sus gozos, que lucen lo que es capaz de crear a partir de su dolor.

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