Miguel Grau: el ser humano detrás del héroe inmortal

Símbolo de Marina de Guerra no solo era valiente guerrero, sino también tierno padre y político.

Por César Rojas Vidarte

Si los peruanos nos unimos en un solo nombre, ese es el de Miguel Grau Seminario. Un piurano que no solo entregó su vida por la Patria, sino que se rebeló contra la intromisión política en su amada Marina de Guerra, y que ahora es el primer congresista del país.

“Sí el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”, decía el casi legendario almirante, avizorando su muerte, cuando en realidad nació a la inmortalidad un día como hoy, en 1879.

Este humilde texto no busca redundar en las hazañas del Titán de Angamos en la Guerra del Pacífico –si bien esto nunca está de más- sino en aprovechar esta fecha y espacio para resaltar la calidad humana de Grau. Que la cumbre de su sacrificio haya sido el mismo día de su institución –creada el 8 de octubre de 1821, por el libertador José de San Martín- no es coincidencia.

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El valor del abrazo

El héroe pasaba meses en alta mar y en el extranjero, primero como marino mercante y luego como oficial, y los pocos momentos familiares eran su máximo tesoro. Un hombre capaz de romper barajas enteras con sus manos, y de alzar a una persona tomándola del cuello, se derretía al tomar en sus brazos a sus hijos. Tan valiente como tierno, era un ejemplo de padre y de esposo respetuoso de Dolores Cabero Núñez, valiosa peruana de igual valor.

“No quiero salir a campaña sin antes de hacerte por medio de esta carta varios encargos: principiando por el primero, que consiste en suplicarte me otorgues tu perdón si creyeras que yo te hubiera ofendido intencionalmente”, escribía el almirante, demostrando su consideración a la mujer.

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No estuvo ajeno a la política, y estuvo preso por ello. Luego de liderar a la corbeta Unión en la exitosa consolidación de la independencia hispanoamericana que culminó en el Combate del Callao, el 2 de mayo de 1866, el entonces presidente Mariano Prado quiso poner como jefe de la Marina a un extranjero: el norteamericano John Randolph Tucker.

El entonces comandante Grau, junto al capitán de fragata Manuel José Ferreyros, el capitán de fragata Aurelio García y García y el capitán de navío Juan Lizardo Montero, se negaron públicamente a subordinarse ante quien no compartía los intereses de la Patria. Terminaron presos en la Isla San Lorenzo, durante meses.

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