Rodolfo Ybarra: «Trato de recuperar una memoria partida en mil pedazos»
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Por Arturo Delgado Galimberti

“El Evangelio según Túpac Amaru II” sería difícil de abordar desde la narratología. De hecho, pertenece a un grupo de textos que cuestionan y/o complejizan el género narrativo, como “El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Buenaventura Durruti” de Enzensberger. Tú la defines como una novela conceptual. Háblanos al respecto.

En efecto, este “evangelio” no es aristotélico con un inicio, medio y final. Más bien trata de escapar a la narratología para centrarse en un lugar incómodo donde la fractura o el quiebre de la historia dan espacio al pensamiento libre, al lenguaje y, cómo no, a la poesía. Y porque, en general, todo lo que se ha escrito sobre Túpac Amaru II (TAII) ha tenido que ser reinventado, por lo que se advierte serios peligros al asumir una “novela histórica”. Y porque de TAII no quedó casi nada (tal y como lo impusieron los “extirpadores de idolatrías”), solo una firma de puño y letra. Y hasta el cuadro que se tenía de su rostro fue eliminado. La imagen que nos presentó la “revolución” de Velasco fue un invento, al igual que los movimientos armados que tomaron su imagen icónica en Latinoamérica. Todo fueron supuestos y rasgos que se asumieron como propios por algunos hechos, pero nada es exacto. Lo correcto es que la novelística hiciera lo mismo. Yo aquí trato de recuperar una memoria partida en mil pedazos.

En el capítulo “Cantares de Micaela”, se reúnen 150 prosas breves, algunas perfectamente podrían calificarse de microrrelatos y otras son propiamente prosas poéticas. Parece claro que en ese capítulo el personaje Micaela simboliza a todas las mujeres, y aparte de los anacronismos, ¿en tu propuesta hay la intención de reivindicar un erotismo de la rebelión?

En “Cantares a Micaela”, el sujeto narrador se funde con el héroe para entregarnos un homenaje a la mujer que lucha. Ahí se halla el “erotismo” de la vida y también un erotismo de la sensualidad que irradia la mujer fuerte que guía otros destinos. No olvidemos que Micaela Bastidas Puyucawa hablaba solo quechua y fue más radical que TAII, tal y como se lee en las cartas que le dirigió a su esposo donde lo instaba a atacar el Cusco cuanto antes; incluso, se habla de que si se hubieran seguido sus consejos otro hubiera sido el destino. Ahora con ella también el “erotismo” se extiende a Tomasa Tito Condemayta, Manuela Condori, esposa de Diego Cristóbal Túpac Amaru; Bartolina Sisa, esposa de Tomás Catari; Gregoria Apasa, Marcela Castro Puyucawa, Cecilia Túpac Amaru, Catalina Salas Pachacute, Margarita Condori, etc. En todas ellas, el erotismo está en sus puños y la poiesis es su sino.

Tanto la memoria histórica como la ficción tienen un sentido político. En tu novela, la imagen última de Túpac Amaru II es la de un revolucionario, y no ocultas los alcances cruentos de ese proceso. Pero también hay un acercamiento afectivo del narrador al acervo documental de la familia del cacique TAII. ¿Dirías que Eros y Tánatos son los dos polos indisolubles de tu compromiso de escritor?

TAII no solo fue un revolucionario, se levantó por la igualdad de los hombres mucho antes que la “Revolución Francesa”, con él pelearon mulatos, negros, indios, mestizos y hasta blancos. Y Estados Unidos recién tenía quince años de proclamada su independencia. Eso hay que tenerlo muy en cuenta, porque él nunca estuvo solo. También se habla de que esta gesta patriota nos costó un millón de muertos. Compárenlo con La Toma de la Bastilla donde solo se liberó a cinco personas: un loco, un ladrón, un violador y dos más que nadie sabe quiénes eran. Recordemos también que la guerra con Chile nos costó quince mil muertos y la guerra interna unos sesenta mil. Creo que la historia desde los centros hegemónicos ha pasado por alto este enorme levantamiento en nombre de los seres humanos y en nombre de las democracias modernas.

¿Cuál sería la prédica moderna de estos evangelios? ¿Hay aún lugar para la utopía?

Este título “evangelio” no es gratuito. Primero porque evangelio viene del latín evangelium o el griego euaggelion: y significa “buena nueva” o “buena noticia”. Y segundo, porque TAII era bautizado, como después lo fue J.C. Mariátegui que cargaba en la procesión de octubre o el mismo Vallejo en Los Dados Eternos. Y los realistas para acabar con TAII antes que nada tuvieron que excomulgarlo y a todos los que estaban con él, tal y como ocurrió después de la batalla de Sangarará. Después de eso no habría piedad, como lo vimos después con las torturas sin nombre que sufrieron todos los levantados.
Hay que anotar también que si bien hay una imagen de TAII como cacique, todo apunta a que era un arriero que tenía 350 mulas y ejercía el traslado de mercancías, algo así como una agencia de transportes y eso le permitió conocer todo este Perú incierto donde nuestros hermanos indígenas eran esclavizados salvajemente. Hay ahí una buena nueva que TAII nos dejó para la posteridad y que yo recojo tangencialmente en mi novela.

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