Seques: mitos y actitudes discursivas
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Por Helbert López Calderón

La dualidad, la naturaleza del tiempo, el carácter de lo tangible, la esencia humana: todo puede reventar como una burbuja y volverse —de la nada—eterno. La imaginación es lo que transforma el sentido en algo real y es por eso que los mitos siempre han tenido la fuerza suficiente para cargar sobre sus hombros el peso de una determinada cultura.

Pero los mitos también son el reflejo de la consistencia, del esfuerzo, del heroísmo. Bowie, en su sapiencia estrófica, ya había vestido esa idea con acordes de blues: «Podemos ser héroes solo por un día». Y por ahí es donde se comienzan a tejer las circunstancias que dan lugar a las historias. Y la historia de Seques, como libro fundamental, merece ser narrada.

Nacer y crecer en una comunidad andina completamente desprotegido de la urbe y luego, de pronto, enfrentarse a ella por medio de una beca en una universidad particular de la capital, puede llevar al colapso. En el mismo sentido, concebir y publicar una revista literaria desde una universidad ajena a la capital puede llevar a la locura. Pero son hazañas. Hazañas que marcan historias. Historias con acciones que, con el paso del tiempo, convierten el hecho en mito.

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