Tres consejos para cuidar tus relaciones afectivas en esta coyuntura política
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De acuerdo a los resultados estadísticos del Reporte Mundial de la Felicidad de las Naciones Unidas, la situación política (específicamente el grado de corrupción percibida) afectaría hasta cierto punto los niveles de satisfacción con la vida en la población de un país; pero, entre todas las variables consideradas en este estudio, el soporte social sería la de mayor impacto en la felicidad (en el caso de Perú el impacto del soporte social en la felicidad sería aproximadamente 10 veces el impacto de la corrupción percibida).

Y en efecto, de acuerdo a las investigaciones más importantes en felicidad o bienestar subjetivo, la calidad de nuestras conexiones sociales (basadas en la confianza y el soporte material/ emocional de familiares, amigos, vecinos) son el ingrediente por excelencia de nuestro bienestar mental; por lo tanto, en tiempos en los que es bastante frecuente entrar en conflicto con familiares o amistades por ideologías políticas, es importante priorizar qué vale más o qué estamos arriesgando por querer “tener la razón”, sobre todo con una crisis social de por medio.

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Por eso, el psicólogo social Ítalo Arrúe nos brinda tres consejos para cuidar nuestras relaciones afectivas en estos tiempos difíciles.

Consejo 1: (Comprende que) somos diferentes: (por tanto) pensamos diferente

En esta era globalizada, la diversidad psico-social es un fenómeno innegable: Es importante entender que cada individuo tiene derecho a hacerse una idea de cómo debería funcionar el mundo de acuerdo con sus deseos, intereses y aspiraciones, siempre y cuando no atenten contra otros derechos humanos.

Un error que cometemos es pretender que nuestros amigos o familiares piensen igual que nosotros, y cuando esto no ocurre, podemos llegar a irritarnos al punto de enfadarnos con ellos y/o dejarles de hablar.

Pero pongámonos en los zapatos de alguien que no piensa como nosotros y preguntémonos si estamos tratando sus ideas como nos gustaría que trataran las nuestras. “Además, admitir finalmente que somos una sociedad compleja y diversa, lo que hace todo mucho más interesante, puede disminuir nuestra sensación de frustración cuando escuchamos ideas que son disonantes a las nuestras”, comenta Arrué.

Consejo 2: Prioriza la armonía sobre la ideología.

Nuestra armonía social es más importante que nuestra razón lógica para nuestro bienestar emocional. Nuestro sistema ideológico, al ocurrir principalmente a nivel del lóbulo preforontal (actuando principalmente la dopamina u hormona de la recompensa), es un constructo mental bastante frágil y variable en el tiempo, por lo que podemos prescindir de la mayoría de ideas o modificarlas sin alterar de forma importante nuestro bienestar mental a largo plazo.

En cambio, si rompemos el vínculo con un ser querido, no sólo está en juego el lóbulo prefrontal sino también el sistema límbico o de los afectos profundos (donde actúan principalmente la oxitocina, hormona del amor) y el resto del cerebro (donde actúa la serotonina, hormona de la tranquilidad y confianza), afectando nuestro bienestar mental de forma significativa y a largo plazo.

Ensimismarnos rígidamente en las propias ideas, por más lógicas que sean, puede generar aislamiento social y, por ende, mucho dolor psicológico”, revela el psicólogo Ítalo Arrué. Para evitar conflictos explícitos en situaciones socialmente tensas, es importante disolver nuestro ego y renunciar temporalmente a algunas de nuestras creencias rígidas, para abrir el paso a otros temas o actividades que, antes que irritación, promuevan bienestar en ambos lados: hablar de asuntos que causen placer compartido (por ejemplo, estilos de vida saludables, vida con los padres o hijos, la nueva normalidad en casa, los nuevos retos laborales) o, en caso de familiares o compañeros de hogar, complementar la conversación con actividades que impliquen metas comunes como hacer una caminata al parque.

Consejo 3: No pises el palito

En una situación cuando todo está muy efervescente, como estas elecciones y en plena pandemia, los humanos estamos más sensibles que lo normal, entonces es bastante probable que intensifiquemos nuestras emociones y reacciones al hablar de un tema, y estemos propensos a caer en conflicto abierto. Si ves que la conversación se está poniendo potencialmente conflictiva, puedes seguir tres pasos:

Paso 1: Respirar profundo, inhalando por la nariz con fuerza, exhalando por la boca con mucha lentitud. Uno puede concentrarse en cuán profunda va a ser la respiración y cuán calmados estaremos en un momento antes que pensar en la respuesta que daremos en caso “seamos provocados”.

Paso 2: Hacer saber a nuestros interlocutores que apreciamos más el vínculo afectivo que ganar algún debate político; y que, si bien hay perspectivas divergentes, no permitiremos que eso afecte la calidad de la valiosa relación que se tiene.

Paso 3: Acordarse de que para iniciar una pelea, se necesitan 2 personas: Ya sabiendo que dando cuerda a la conversación conflictiva estamos arriesgando nuestro bienestar, actuar para evitar la interacción durante el momento efervescente hasta que se calmen las aguas; entonces, se pide permiso para ir al baño, a la habitación, o continuar haciendo los deberes (lavar los platos en caso del almuerzo). Mientras se hace esto sin darse tiempo para pensarlo, enfocarse nuevamente en la respiración y contar hasta 10 o 20 repeticiones. En minutos, la motivación emocional de discutir se habrá esfumado.

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